Gas de esquisto

Shell fractura sin freno el planeta

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Ucrania, la Patagonia, Sudáfrica, Túnez… La petrolera Shell va por todas partes en busca de gas de esquisto e hidrocarburos no convencionales. Esta búsqueda desenfrenada de un nuevo «El Dorado» petrolero amenaza de graves peligros medioambientales, en particular sobre las reservas de agua, ya amenazadas de sobreexplotación y contaminación. Por otra parte, la empresa anglo-holandesa está considerada «la empresa más agresiva en cuanto a destrucción de recursos naturales» según los «Premios Pinocho 2014», que «premian a las empresas que actúan totalmente contra el concepto de desarrollo sostenible».

Este articulo fue publicado, al principio, en francés.

Shell ansía el gas de esquisto. La multinacional petrolera invierte por todas partes para acumular enormes concesiones. «Shell se mueve para perforar por fracturación hidráulica y se prepara para hacerlo en todos los continentes», resume la organización británica Platform en un breve informe titulado «Shell: Global Mega-Fracker». De Argentina a Ucrania, de Estados Unidos a Sudáfrica pasando por Argelia o Túnez, las perforaciones de gas de esquisto marcadas en el célebre logotipo naranja se multiplican. «Sus actividades de prospección y exploración van acompañadas de una gran campaña de relaciones públicas para atenuar las controversias», señala la ONG británica.

Controversias. El primer grupo petrolero mundial en cifra de negocios [1] está acostumbrado. La empresa anglo-holandesa es una de las primera multinacionales perseguida por la justicia internacional por violación de los derechos humanos y destrucción del medio ambiente debido a sus actividades en Nigeria [2]. Greenpeace acaba de emprender con éxito una campaña de gran envergadura para forzar a la marca de juguetes Lego a abandonar su acuerdo de patrocinio con Shell.

Shell hace en Ucrania lo que no se atrevería a hacer en Occidente

En estas condiciones, ¿Shell todavía teme manchar su reputación ya controvertida? La empresa forma parte de las mayores petroleras europeas, al igual que Total, que sienten que les ha «faltado» el boom del gas de esquisto estadounidense. Dichas empresas invirtieron demasiado tarde, cuando la burbuja se desinflaba, y perdieron mucho dinero: 2.400 millones de dólares en el caso de Shell en Estados Unidos. Pero la multinacional está dispuesta a buscar el potencial «próximo El Dorado» del gas de esquisto por todas partes donde pueda encontrarse.

Y en primer lugar en Ucrania, azotada por la guerra civil. Es el único país de Europa en el que Shell ha podido, de momento, llevar a cabo operaciones de perforación de gas no convencional [3]. Los Amigos de la Tierra holandeses se presentaron sobre el terreno a finales de 2013. La asociación ecologista comprobó que Shell está lejos de respetar las exigencias medioambientales mínimas. Las ONG descubrieron las piscinas donde se almacenan las aguas residuales (extremadamente contaminantes) procedentes de la fracturación hidráulica. Esas aguas contaminadas solo están separadas del suelo por una cubierta de plástico. Las sustancias tóxicas que contienen son peligrosas para el medio ambiente y para la salud de las personas, tanto por el riesgo de fuga a las capas freáticas como por la evaporación, en la que además se liberan grandes cantidades de metano, un gas de efecto invernadero muy potente.

Perfil bajo en Holanda

Según los Amigos de la Tierra, semejantes prácticas revelan el «doble rasero» aplicado por la empresa: «Shell prefiere buscar gas de esquisto en los países donde las regulaciones y su aplicación no son tan estrictas como en Holanda. Es inaceptable que una empresa holandesa como Shell –que nunca se atrevería a invertir en gas de esquisto en su país- pueda utilizar esas técnicas nocivas y peligrosas en otros países». Los Amigos de la Tierra de Francia y Holanda quisieron denunciarlo nominando a Shell a los Premios Pinocho 2014, concedidos por los internautas a las multinacionales más hipócritas del año.

La actividad en el extranjero contrasta con el perfil bajo adoptado por Shell en su país de origen, Holanda. Una fuerte movilización popular permitió conseguir una moratoria de hecho de la fracturación hidráulica. 221 colectividades locales han prohibido oficialmente esta técnica en sus territorios. Shell todavía no ha intentado prospectar el gas de esquisto en el país. Solo una pequeña y joven petrolera, «Cuadrilla» ha solicitado licencias para proceder a fracturaciones hidráulicas. Es lo mismo en el otro país de origen de Shell, el Reino Unido, donde la empresa se aisló ostensiblemente del debate, al contrario que Total que ha invertido un poco en el terreno. Sin embargo, de tapadillo, Shell se estaría moviendo para evitar que Holanda prohíba oficialmente la fracturación hidráulica por miedo a que eso le impidiera seguir extendiéndose por otras partes, lamenta Ike Teuling de la sección local de Amigos de la Tierra. Así, la empresa acaba de organizar una visita de parlamentarios holandeses a los lugares de perforación en Estados Unidos para demostrar la «seguridad» y la ausencia de riesgos medioambientales. Bien lejos de la realidad ucraniana que denuncian las ONG.

Fracturar gracias a los fallos jurídicos y políticos

El acuerdo de explotación de Shell en Ucrania se firmó con el presidente Viktor Yanukovich, expulsado del poder por el pueblo a finales de 2013. Por medio de ese contrato la multinacional holandesa está asociada con una firma ucraniana llamada Nadra Yuzivska, propiedad al 90% del Estado ucraniano y al 10% de una sociedad fantasma vinculada con el clan del expresidente, sospechoso de corrupción. Un contrato que obviamente no gusta al nuevo régimen ucraniano. Por otra parte Shell tuvo que detener todas sus operaciones en Ucrania en junio, ya que el área de perforación está situada en el este del país, la zona donde actualmente se desarrollan los enfrentamientos entre el ejército ucraniano y los separatistas.

En Argelia y en Túnez, los Gobiernos han optado por favorecer la extracción del gas de esquisto sin un debate público, a pesar de las reticencias de los científicos y de la población. En ambos países Shell está en primera fila. «Shell adapta su estrategia según los países, explica Ike Teuling. En Sudáfrica la empresa lanzó una amplia campaña de relaciones públicas en los medios de comunicación. En cambio en Argentina la web de Shell no menciona sus perforaciones de gas de esquisto».

Cuando Shell instrumentaliza los conflictos étnicos

En la Patagonia, las concesiones de gas de esquisto adjudicadas a las multinacionales en la provincia de Neuquén se hacen a través de una empresa provincial creada para la ocasión, Gas y Petróleo de Neuquén, cuyas cuentas y funcionamiento no son transparentes. Lo mismo que Total –a la que por otra parte Gas y Petróleo de Neuquén está asociada en ciertas concesiones-, Shell aprovecha las lagunas jurídicas o los conflictos entre las administraciones para perforar en zonas naturales protegidas. Los habitantes tradicionales de esas áreas no disponen de títulos oficiales de propiedad de la tierra. Y la empresa actúa como si esas personas no existieran.

En Sudáfrica Shell está acusada de atizar deliberadamente las tensiones raciales en la región de Karoo, donde la empresa posee la concesión de una zona de casi 90.000 kilómetros cuadrados… ¡El tamaño de la Guayana! Karoo alberga grandes explotaciones de ganadería extensiva cuyos propietarios blancos han sido los primeros en movilizarse contra los proyectos de Shell. La multinacional no ha vacilado en embaucar a algunos empleados negros de esas explotaciones para que llevasen la buena nueva a sus comunidades presentando la fracturación hidráulica como una gran causa «negra». Una propaganda de eficacia limitada. Las organizaciones sociales negras que militan por la reforma agraria en Karoo, los obispos locales y los indígenas kho y san, entre otros, se han pronunciado contra el gas de esquisto. Pero el Gobierno sudafricano es ampliamente favorable. Shell solo espera la autorización para lazarse a perforar.

El agua, objeto de todas las inquietudes

La mayoría de las regiones donde Shell busca gas de esquisto tienen un punto en común: carecen de agua. Karoo en Sudáfrica, la provincia de Neuquén en la Patagonia argentina, Argelia y Túnez son regiones extremadamente secas. Los escasos recursos de agua son vitales para la población y las actividades agrícolas existentes. Pero la fracturación hidráulica requiere enormes cantidades de agua: varios millones de litros por perforación. Lo que nos hace preguntarnos de qué forma piensan actuar Shell y sus colegas. Mantienen una elaborada imprecisión sobre el asunto mientras afirman siempre que nunca usan fuentes de aprovisionamiento de agua potable o de riego.

Sin embargo en Argentina los estudios de impacto medioambiental de Shell y Total omiten deliberadamente –un requisito teóricamente obligatorio- de dónde proviene el agua que utilizan y cómo piensan tratar las aguas residuales de la fracturación [4], ya que Shell tiene dos concesiones importantes en las proximidades de los lagos Mari Menuco y los Barreales, principales fuentes de aprovisionamiento de agua potable de la zona. Una región rica también en cultivos de viñedo y horticultura alimentados por las aguas de la ribera del Neuquén, hasta ahora respetadas por las operaciones gasísticas y petroleras.

La situación en Sudáfrica es todavía más incierta. Los recursos de agua son muy escasos. Y al contrario que en la Patagonia, donde ya se explota gas convencional, Sudáfrica carece de todas las infraestructuras necesarias: no hay gasoductos ni instalaciones portuarias específicas. ¡Las viviendas sudafricanas ni siquiera tienen red de gas! Preguntada por el problema del agua, Shell se limita a declaraciones imprecisas sobre la posibilidad de utilizar agua de mar desalada, lo que parece totalmente imposible por una simple razón de coste. Dados todos los gastos necesarios, ¿la explotación del gas de esquisto de Karoo –si en realidad es explotable- será económicamente viable algún día?

«Es la forma típica en que Shell aborda la explotación del gas de esquisto», señala Ike Teuling. «Es un desafío. Piensa que aunque nunca descubra miles de metros cúbicos de gas explotables, con una concesión de miles de kilómetros cuadrados hallará la forma de encontrar respuestas a otras cuestiones». Por todas estas razones los Amigos de la Tierra decidieron nominar a Shell al Premio Pinocho 2014 en la categoría «¡Uno para todos, todo para mí!»,ya que «la empresa ha llevado a cabo la política más agresiva en cuanto a apropiación, sobreexplotación o destrucción de recursos naturales».

Olivier Petitjean

Traducido del francés por Caty R., InfoSur

Notas

[1Primero en 2012 y segundo en 2013

[2Varios militantes de la minoría ogoni, entre ellos el poeta Ken Saro-Wiwa, fueron asesinados en 1995 tras conseguir la expulsión de Shell de su territorio, lo que dio lugar a un procedimiento judicial contra la empresa en Estados Unidos. En 2013 la Corte Suprema de Estados Unidos desestimó la denuncia. Aparte de Ogoniland, Shell ha dejado tras ella un auténtico desastre medioambiental, denunciado en un informe de las Naciones Unidas en 2011. Entonces la multinacional holandesa prometió emprender una restauración medioambiental de la zona, por un coste estimado de 1.000 millones de dólares. Según un informe publicado hace unas semanas por los Amigos de la Tierra y Amnistía Internacional, Shell todavía no ha hecho nada sobre el terreno. Al mismo tiempo se han iniciado varios procedimientos judiciales en Holanda y en Inglaterra para incriminar a Shell por las contaminaciones petroleras en el delta del Níger.

[3En la actualidad podría tratarse también de posibles concesiones en Bosnia.

[4Ver a este respecto el informe de Amigos de la Tierra sobre el gas de esquisto en Argentina, que señala el caso de una familia, sin conexión a la red de agua potable y que reside en una concesión de Shell, a la que la empresa ha prohibido oficialmente utilizar la reserva de agua dulce que instaló en las proximidades de la vivienda de la familia citada.

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