Desigualdades

Cómo los multimillonarios de Europa llegaron a serlo (y cómo consiguen mantenerse)

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Este articulo fue publicado inicialmente, en francés, en español en Inoflibre.

En todo el mundo, las desigualdades han aumentado muchísimo desde 1980", alertaba hace unos meses un informe sobre las desigualdades mundiales coordinado, entre otros, por el economista francés Thomas Piketty, autor del conocido libro El capital en el siglo XXI. La conclusión de dicho informe es que los ricos cada vez son más ricos y que el patrimonio, cada vez más, pasa de estar en manos de la gente, es decir de la comunidad, para ir a parar a los propietarios privados.

De ese modo, el patrimonio personal de Bernard Arnault y de su familia ha ido en aumento en los últimos años hasta superar los 50.000 millones de euros. El dueño de Zara, Amancio Ortega, ocupa la cúspide de este ranking, con 55.000 millones. Los herederos de Liliane Bettencourt tampoco pueden quejarse, ya que acumulan 33.000 millones. Entre las mayores fortunas europeas, se encuentran también los propietarios de Chanel (los hermanos Wertheimer), los de Hermès (la familia Dumas), pero también los propietarios alemanes de los supermercados de bajo coste Aldi y Lidl, así como la familia Mulliez, propietaria del grupo Auchan. Las dos ramas de la familia italiana que erigió el imperio industrial Ferrero también están bien posicionadas, al igual que el propietario del grupo de lujo italiano Luxottica (Leonardo Del Vecchio) o los propietarios suecos de H&M (Stefan Persson). En Alemania, la familia propietaria de BMW y la mucho menos conocida familia de la empresa industrial Schaeffler también se sitúan entre las mayores fortunas del continente, con más de 15.000 millones de euros cada una. ¿Cómo han conseguido acumular tanto y, además, mantener esta tendencia creciente, a pesar de las crisis económicas mundiales?

• Regla número 1: Reinar en familia

Las mayores fortunas de Europa se construyen –y se transmiten–, en primer lugar, garantizando el estrecho control familiar de una empresa o grupo insignia. Esta es la regla seguida por los multimillonarios franceses. El caso de la familia Bettencourt, que tanto ha sido noticia en los últimos años por su proximidad con las altas esferas de la política, es todo un ejemplo. Liliane Bettencourt falleció el año pasado, pero su hija, Françoise Bettencourt Meyers, tomó las riendas de L’Oréal. Nieta del fundador, Eugène Schueller, actualmente preside el holding familiar Téthys, el consejo de administración de L’Oréal y la filial de inversiones Téthys Invest. El marido de Françoise Bettencourt, Jean-Pierre Meyers, es vicepresidente del consejo de administración del grupo y forma parte de muchos de sus órganos. El hijo que tienen en común, Jean-Victor Meyers, de apenas treinta años, se unió al consejo de administración de L’Oréal en 2012.

En LVMH, los hijos de Bernard, Antoine y Delphine Arnault, son administradores de la empresa y, como tales, perciben una generosa remuneración que supera el millón de euros por cabeza. En Hermès, la fortuna del propietario Axel Dumas se estima en más de 30.000 millones de euros. Sus descendientes siguen al frente de la firma y el grupo familiar posee más del 65% del capital de la empresa. A la cabeza de la familia, Axel Dumas desciende directamente del fundador Émile-Maurice Hermès. Al menos otros siete descendientes directos integran el consejo de administración y, en 2016, percibieron entre 20.000 y 100.000 euros. Según algunas estimaciones, los Mulliez, que reinan en el grupo Auchan y en una decena más de firmas, atesoran una fortuna de 26.000 millones de euros. La familia tiene un papel tan importante en la gestión patrimonial que la Asociación Familiar Mulliez –un grupo de interés económico integrado exclusivamente por miembros de la familia– es la titular de todo el grupo.

La familia es también un valor central (e instrumento de control económico) en Alemania. El grupo alemán Henkel, que fabrica, entre otros, la marca de detergentes Persil y decenas de marcas más relacionadas con el hogar y los cosméticos, está en manos de la misma familia desde su fundación en 1876. La familia Henkel posee más del 60% del capital, y acumula 42.000 millones en activos. Aún más poderosa, la familia propietaria del Grupo Schaeffler, una empresa alemana de tecnología industrial, controla el 100% [1]. La fortuna personal de Georg Schaeffler se estima en 20.000 millones de euros.

• Regla número 2: Cobrar tantos dividendos como sea posible

Los dividendos son la parte de los beneficios de una empresa que se devuelve a los accionistas. En las grandes empresas, aumentan anualmente y, en estos momentos, alcanzan nuevos máximos. Se trata de dinero que ya no se puede destinar a inversiones o al aumento salarial. En Zara, el gigante textil, los accionistas percibieron el 59% de los beneficios, casi dos tercios de los cuales quedaron en manos de la familia Ortega, ya multimillonaria. En 2016, los accionistas de Zara se repartieron 1.800 millones de euros en dividendos, incluidos 1.100 millones de euros para Amancio Ortega y 93 millones de euros para su hija.

En 2016, LVMH repartió el 45% de sus beneficios entre sus accionistas, es decir, más de 2.000 millones de euros. Eso son 500 millones más que en 2012. De esta cantidad, casi mil millones fueron directamente a engrosar el patrimonio de Bernard Arnault y familia. En BMW, en 2016, los accionistas se adjudicaron "los mayores dividendos de su historia", tal y como destaca el informe anual, es decir, 2.300 millones. La familia Quandt-Klatten (los hermanos y hermanas Stefan Quandt; Stefan Quandt, 17.000 millones de euros en activos, y Susanne Klatten, 20.000 millones de euros), que posee el 46% del capital, recibió algo más de 1.000 millones de euros en dividendos ese mismo año. Como accionistas únicos de Schaeffler, Georg Schaeffler y su madre percibieron los 328 millones de euros en dividendos que el grupo abonó en 2016.

• Regla número 3: ser creativo... en los montajes jurídicos

El gigante francés de la gran distribución, Auchan, es el reino de la familia Mulliez. Al frente se sitúa Gérard Mulliez, con una fortuna personal de unos 26.000 millones de euros. La familia es dueña de decenas de compañías más, como Pimkie o Décathlon. Pero el grupo no cotiza en bolsa, por lo que no está obligado a publicar sus resultados. Tampoco lo está la Asociación Familiar Mulliez, propietaria de todas estas empresas. Esta original forma de gobierno, que cabe pensar da lugar a cenas agitadas, tiene otra consecuencia: ¡en caso de despidos en una de las empresas propiedad de la asociación, el grupo no está obligado a la recolocación de personal!

Los sindicatos de Auchan han intentado repetidamente hacer ver que la asociación tenía detrás, en la práctica, un grupo. En vano. “El empleo debería gestionarse en la la asociación. Si ésta tuviese el reconocimiento de grupo, entonces existirían posibilidades claras de recolocar a los trabajadores, dado el tamaño del grupo. En dicho caso, ¡es posible que ni siquiera hubiese despidos!”, explica Guy Laplatine, delegado de la CFDT en el grupo Auchan. Pero los Mulliez saben bien cómo evitarlo. Las consecuencias de todo ello es que más de 200 empleados de las tiendas Pimkie van a ser despedidos y no cabe esperar su recolocación en el grupo Auchan, que emplea a 80.000 personas en Francia y a más de 300.000 en todo el mundo.

• Regla número 4: mantener la opacidad

Esta misma estrategia de "transparencia cero" la siguen los dos líderes europeos del supermercado de descuento: Aldi, un grupo propiedad de la familia Albrecht (Karl y Theo Albrecht que han acumulado 40.000 millones de euros), y Lidl, propiedad de Dieter Schwarz, 15.000 millones de euros en su haber. El Grupo Schwarz es un entramado de empresas, fundaciones y de cientos de sociedades y parece una verdadera caja negra", subraya la federación sindical alemana de servicios Verdi. "Las empresas centrales son el grupo de empresas Schwarz KG (donde se encuentra el derecho al voto) y la Fundación Dieter Schwarz (donde están las acciones). Por debajo se sitúa el holding de Schwarz. En cuanto al centro del poder, el grupo de empresas Schwarz es el conglomerado empresarial que controla el resto", explican desde el sindicato.

Ikea, el gigante sueco del mueble, tiene un grado similar de complejidad. Su fundador, Ingvar Kamprad, falleció el pasado mes de enero a los 91 años. Atesoraba una de las mayores fortunas de Europa, que debería recaer en manos de la familia. Antes de morir, Ingvar Kamprad también construyó alrededor de sus tiendas de muebles una serie de holdings, empresas y fundaciones, con sede en los Países Bajos, Luxemburgo y Liechtenstein. “En 1982, Ingvar Kamprad dividió Ikea en dos grupos jurídicamente distintos: el grupo Inter Ikea, hoy organizado en torno a un holding con sede en Luxemburgo, el Inter Ikea Holding, propiedad de la fundación Interogo, constituida en Liechtenstein en 1989 y que quedaba al descubierto en 2016 en un informe de Los Verdes en el Parlamento Europeo [2]. Por otro lado, está el grupo Ikea, vinculado a una empresa holandesa, INGKA Holding, que Kamprad dejó en manos de una fundación holandesa, Stichting INGKA. Un laberinto en el que perderse, a imagen y semejanza de las secciones de cualquier tienda del grupo [3].

• Regla número 5: eludir a las autoridades fiscales

La opacidad también se utiliza para eludir, o al menos explotar, las lagunas de la normativa fiscal. Ikea se encuentra entre las empresas que se negaron, en 2013, a comparecer ante la Comisión de optimización fiscal de la Asamblea Nacional francesa. En diciembre, la Comisión Europea también abrió una investigación relativa al trato fiscal favorable del grupo en los Países Bajos. Desde principios de los años 80, la empresa funciona con un sistema de franquicia: "Todas las tiendas Ikea en todo el mundo pagan una cuota equivalente al 3% de su facturación a Inter Ikea Systems, una filial de Inter Ikea con sede en los Países Bajos", explica la Comisión Europea en un comunicado de prensa. Los ingresos obtenidos deberán pagar impuestos en el país de origen. Sin embargo, precisa la Comisión "dos decisiones fiscales anticipadas, de la Administración neerlandesa en 2006 y 2011, redujeron considerablemente [sus] beneficios imponibles". De 2006 a 2011, en virtud del primer acuerdo, los beneficios se transfirieron a Luxemburgo, donde no estaban sujetos a impuestos. Después, a partir de 2011, las autoridades fiscales holandesas autorizaron a Ikea a transferir una parte significativa de sus beneficios a Liechtenstein, con el mismo resultado. El coste total estimado de la operación para las arcas públicas de los Estados miembros de la UE es de 1.000 millones de euros, en el periodo entre 2009 y 2014 [4].

Otra investigación de los Verdes Europeos apuntaba a Zara, cuyos montajes financieros han favorecido a los Países Bajos, pero también a Irlanda y Suiza. Resultado: un ahorro de 585 millones de euros en impuestos para la empresa y para Amancio Ortega, entre 2011 y 2014 [5]. Hay más casos, como el del grupo Kering, del multimillonario francés François Pinault (más de 20.000 millones de euros en activos). El pasado mes de marzo, Mediapart (socio editorial de infoLibre), revelaba que, en 2002, evadió alrededor de 2.500 millones de euros en impuestos, "principalmente en perjuicio de Italia, de Francia y del Reino Unido". Todo ello a través de filiales radicadas en los Países Bajos, Luxemburgo y Suiza.

El grupo armamentístico francés Dassault aparecía en los Papeles de Panamá por sus filiales en la Isla de Man, un importante paraíso fiscal [6], lo que le pudo permitir participar en un sistema de fraude del IVA en jets privados. Dassault Aviation creó siete empresas de arrendamiento financiero en en la Isla de Man, sólo entre 2008 y 2012”, defendió el grupo. Y ello para “dar respuesta a las necesidades de financiación de los clientes en un contexto de crisis financiera. Unos meses antes, su máximo dirigente Serge Dassault había sido condenado a cinco años de inhabilitación para ocupar cargo público y a una multa de dos millones de euros por haber ocultado decenas de millones de euros a las autoridades fiscales durante 15 años.

• Regla número 6: presionar a los empleados

A principios de marzo, empleados de Zara en Guipúzcoa se movilizaban contra la precariedad de sus condiciones laborales. Con contratos a tiempo parcial de 15 a 25 horas semanales, los empleados de las tiendas de Zara en España, en su mayoría mujeres, tienen dificultades para llegar a fin de mes. Porque trabajar para un multimillonario no significa estar bien pagado. Al contrario. Ya sea en Zara, H&M, Ikea, Aldi, Lidl... estas empresas que han hecho posible que sus dueños hagan una fortuna ofrecen precariedad a sus asalariados. Y a los de sus subcontratas, condiciones de trabajo de lo más precarias. "En Aldi, se ofrecen sobre todo contratos a tiempo parcial, de modo que un cajero rara vez llega a estar contratado 38 horas semanales", dicen desde el sindicato alemán de servicios Verdi.

Por su parte, Ikea, en Francia, ha tomado por costumbre... espiar a sus empleados. "Ikea Francia ha creado un sistema [...] a gran escala para obtener información sobre los candidatos y sobre algunos empleados", informaba el periódico Le Monde recientemente. Un sistema que se basa, más precisamente, en la consulta, ilegal, de los expedientes policiales. A principios de año, la Fiscalía denunciaba a Ikea France y a 15 personas, entre ellas dos antiguos jefes de la empresa. Mientras, Ikea promete a sus futuros colaboradores: "Trabajar con nosotros es más que divertido, es gratificante. Nuestros centros de trabajo son informales y humanos".

• Regla número 7: subcontratación abusiva

En el sector del prêt-à-porter, los sectores manufactureros se basan principalmente en la subcontratación en Europa del Este, Turquía, Asia y América Latina. En Brasil, en 2011, el Ministerio de Trabajo descubría tres talleres de costura de un proveedor de Zara con sede en São Paulo en los que se trabajaba en condiciones similares a la esclavitud. En esas instalaciones trabajaban docenas de trabajadores, principalmente bolivianos y peruanos. Los investigadores hallaron "contratos ilegales, trabajo infantil, condiciones degradantes, jornadas laborales de hasta 16 horas, retenciones ilegales en los sueldos, prohibición de salir del lugar de trabajo...", según la ONG Reporter Brasil, que siguió de cerca la labor de los inspectores de trabajo [7]. Los agentes liberaron a 15 personas, entre ellas un niño de 14 años, que trabajaban en estas condiciones.

A veces los empleados ni siquiera cobran un salario. Hace unos meses que, en Turquía, un centenar de empleados de una fábrica de subcontratación de grandes marcas textiles, entre las que se encuentra Zara, luchan por conseguir una remuneración por su trabajo [8]. Zara, al igual que la francesa Auchan y Carrefour, es una de las 32 marcas que se confeccionaban en la fábrica textil Rana Plaza de Dakha, capital de Bangladesh. El edificio se derrumbó el 24 de abril de 2013, matando a 1.138 personas y dejando más de 2.000 heridos, de las 5.000 personas que trabajaban en su interior. Zara ha realizado una importante aportación al fondo de indemnización a las víctimas. Al igual que H&M, uno de los principales contratistas de la industria textil en Bangladesh. Pero, según la ONG Clean Clothes, las fábricas de subcontratación de H&M siguen siendo muy inseguras para sus empleados. El 70% de los talleres siguen sin disponer de una salida de emergencia en caso de incendio.

• Regla de oro: influir en la política y en los votantes

Las colusiones entre líderes políticos y personas ricas se pueden establecer al más alto nivel, como lo demostró el caso Bettencourt en Francia; en este caso extremo pero muy sintomático, la esposa del Ministro del Presupuesto del gobierno de Fillon, Éric Woerth, trabajaba al mismo tiempo para empresas del grupo L’Oréal encargadas de la gestión de la fortuna de los Bettencourt. Los ricos también presionan mucho a las instituciones políticas. El Registro Europeo de los lobbies, que obliga a las grandes empresas a registrar su número de lobbistas que trabajan para las instituciones europeas, así como sus gastos de lobbying, da una idea de ello. Ikea invierte más de 500.000 euros anuales en actividades de lobbying en Bruselas, donde emplea a siete personas dedicadas íntegramente a la defensa de sus intereses, en temas como la fiscalidad de las empresas, la protección de datos o el derecho laboral. LVMH, L’Oréal, Lidl, H&M, al igual que Hermès, Auchan... la mayoría de estos grandes grupos invierten cientos de miles de euros -si no millones- en esta actividad con un muy alto retorno de la inversión [9].

En Alemania, la influencia también procede de donaciones directas a los partidos. En 2017, los directivos de BMW Susanne Klatten y Stefan Quandt, multimillonarios, ofrecieron 200.000 euros a los partidos alemanes de derecha CDU (el partido de Angela Merkel) y FDP (liberales), a los que se añadieron 100.000 euros en 2016. Entre 2010 y 2017, los mismos proporcionaron más de un millón de euros a la CDU, más de 700.000 euros al partido de derecha bávaro CSU (aliado de la CDU), más de 550.000 euros al partido liberal FDP y 450.000 euros al partido socialdemócrata alemán SPD [10].

Pero son quizás los multimillonarios de la familia Dassault (más de 20.000 millones de euros en activos) los que ejercen una influencia política más efectiva: Serge Dassault fue senador de 2004 a 2017, cuando su hijo Olivier Dassault era diputado desde 1988 (salvo en el periodo 1997 a 2002). La familia también cuenta con la influencia de su grupo de prensa, Le Figaro. Bernard Arnault, jefe multimillonario de LVMH, es propietario de Les Échos y Le Parisien. Y otros tres multimillonarios franceses (eso sí, con activos por debajo de los 10.000 millones), Patrick Drahi, Xavier Niel y Vincent Bolloré, también han diversificado sus imperios industriales para convertirse en magnates de la prensa. En Alemania, el gran propietario de la prensa Axel Springer, editor del popular Bild Zeitung (vende más de 1,6 millones de ejemplares diarios) también posee una fortuna personal superior a los 4.000 millones de euros.

Rachel Knaebel

En la traducción de este texto ha colaborado Xnet.

Photo : source Flickr.

Notas

[180% para Georg Schaeffler, 20% para su madre Maria-Elisabeth Schaeffler.

[2Véase también en la página de la Cámara de Comercio de Liechtenstein.

[3Véase también la descripción de la estructura de la empresa en el sitio del grupo. Pero eso no es todo. El informe Verde al Parlamento Europeo continúa: "El Grupo Inter Ikea es propietario de las tiendas y, al menos desde 2012, de la marca Ikea. Pero la familia Kamprad es propietaria de otra empresa: el grupo Ikano, que se separó de Ikea en 1988, controlado por los tres hijos de Ingvar Kamprad a través de un holding con sede en Curaçao, una isla paradisíaca que también es un paraíso fiscal, al igual que Luxemburgo y Liechtenstein.

[4Según la investigación realizada por el Grupo de los Verdes en el Parlamento Europeo. Sólo en 2014, las cajas francesas habrían perdido 24 millones de euros, Alemania 35 millones y el Reino Unido más de 11 millones.

[5También existe Zara invest AG en Liechtenstein, véase este informe.

[6Véase aquí.

[7Véanse aquí y aquí, los informes de esta ONG.

[8Sobre este tema, se puede leer más información aquí y aquí.

[9Los datos de las diferentes empresas están disponibles en este sitio web. Nos enteramos de que LVMH gastó más de un millón de euros en hacer lobby en Bruselas en tan solo un año. L’Oréal supera los 200.000 euros en ese concepto y Lidl, los 175.000 euros; H&M gasta más de 200.000 euros, el grupo francés Hermès 50.000 euros, al igual que Auchan, y el italiano Ferrero, 200.000 euros.

[10Fuente: Bundestag.

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