Vivienda

Málaga y Bucarest: renovando edificios vacíos para crear espacios de solidaridad

por , Marine Leduc

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Los últimos años han sido un terreno fértil en Europa en el desarrollo de nuevas formas de utilización de edificios en estado de abandono, al margen de las clásicas ocupaciones. En dos ciudades situadas en los extremos de Europa, Bucarest y Málaga, algunas iniciativas recientes han conseguido cuestionar la noción de propiedad y de comunidad urbana. En Rumanía, jóvenes sin trabajo renuevan viejos edificios amenazados de demolición o de hundirse, con el acuerdo de los propietarios. En España, con la crisis económica que comenzó en 2008, las corralas surgen siguiendo el instinto de supervivencia humano: familias enteras se instalan en pisos que pertenecen a bancos y promotoras. Reportaje sobre el terreno: a la búsqueda de alternativas por una vivienda digna mientras, cada día, los desahucios continúan, tanto en Rumanía como en España.

Este articulo fue publicado, al principio, en francés, aqui

A simple vista, Málaga parece disfrutar de los frutos del turismo. Durante el verano, miles de españoles y extranjeros acuden en masa a disfrutar del clima mediterráneo y de la comida. Lejos de este retrato idílico, la realidad es algo más cruel: de un día para otro, muchas de las familias víctimas de la crisis financiera y de las hipotecas abusivas se encontraron en la calle. Como en otros puntos de España, algunas de esas personas se acabaron reagrupando para formar las ya conocidas corralas, comunidades que ocupan edificios vacíos. Málaga cuenta con unas cinco.

La Corrala de las Luchadoras es una de ellas. Nueve madres solteras decidieron ocupar este edificio de nueva construcción que desentona entre los que hay en el barrio de la Goleta, mucho más deteriorados. En el tercer piso Ángeles y Estefanía limpian el suelo lleno de confeti: el día anterior fue la fiesta de cumpleaños del hijo de uno de ellas, 3 años recién cumplidos. “El inmueble se construyó en 2005 pero no se vendió ningún piso y estuvieron abandonados hasta que algunos drogadictos se metieron”, explica Ángeles, dando detalles sobre el estado en el que se encontraron las viviendas cuando llegaron, y que posteriormente reformaron ellas mismas. “Trabajamos en lo que podemos, pero no tenemos suficiente dinero para pagar un alquiler a los precios a los que están, por eso nos instalamos aquí en 2013. Esa era la única forma que teníamos de darle un techo a nuestros hijos y estar cerca de nuestras familias”. Para estas dos madres jóvenes, la ayuda mutua es el alma de la corrala: “lo compartimos todo: por ejemplo, si una de nosotras hace puchero, todos comemos”.

Los espacios vacíos como herramientas de integración

En el otro extremo de Europa, en Rumanía, la problemática es diferente pero el objetivo es el mismo: utilizar un espacio vacío para crear oportunidades y tejer lazos de solidaridad. Desde el final del período comunista, en 1989, durante el que los edificios fueron nacionalizados, muchas construcciones históricas se han ido degradando poco a poco. Algunas de las casas nunca han dado con el antiguo propietario. La mayoría de los que sí encontraron sus antiguas propiedades no han podido hacer frente a las costosas reformas necesarias para hacerlas seguras. Estas casas majestuosas están en riesgo de destrucción, ya que Bucarest está situado en una zona sísmica. En un contexto social y económico que ofrece pocas oportunidades a los jóvenes, la mayoría de ellos han decidido buscarse nuevos recursos en estas residencias deshabitadas.

Desde hace tres años los proyectos florecen a un lado y otro de la ciudad: en la calle Carol 53, que da también nombre a una de estas iniciativas, un grupo de estudiantes de arquitectura decidió habitar una casa de principios del siglo XX para renovarla y crear proyectos socio-culturales abiertos a todos. Casa de Pe Chei (en rumano La Casa del Muelle), es una asociación que utiliza las habitaciones de una casa vieja que están renovando y las alquila a precios muy bajos a jóvenes artistas o asociaciones. Otro colectivo de arquitectos y artistas, Calup, restaura edificios y los utiliza posteriormente para eventos culturales temporales. En 2013, además de la casa en la que se instaló el grupo, dos otros edificios recobraron vida gracias a la energía de Calup.

Ayudar a los jóvenes y a los propietarios

Para Cristiana, que dejó su trabajo para formar parte del proyecto, « el objetivo de Calup es reintegrar las casas en un circuito económico y cultural. Ayudamos a los propietarios, a los jóvenes artistas y, esperamos que también estemos ayudando estos edificios”. Cada proyecto ha sobrevivido gracias a la ayuda voluntaria de amigos que han participado en la renovación y/o a la organización de eventos. Un impulso solidario que para algunos jóvenes rumanos ha sido la oportunidad perfecta de quedarse en Rumanía, en este período en el que la mayoría de ellos opta por responder a la llama de Europa del Oeste.

En España, tener una vivienda significa algo más: “Los padres que están en la callen corren el riesgo de que le quiten a sus hijos si no encuentran un hogar”, explica Isabel, de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH). A muchas familias las corralas no solamente les han dado un refugio, sino esperanza y dignidad. Es el caso de Rosario, que encontró una segunda vida al crear la Corrala Bloque Malasaña junto con José, un amigo. Hace poco más de un año el marido de Rosario la dejaba con sus hijas jóvenes y un nieto recién nacido. “Aquí siempre me he sentido protegida”, declara. “He tenido muchos problemas con mi ex marido y mis compañeros me han ayudado con los abogados y apoyado en los juicios. Me siento mucho mejor gracias a la comunidad”.

¿Ocupación legal, legítima, ilegal?

Según la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, cerca de 70 000 edificios de Málaga están vacíos. En la mayoría de los casos, porque la promotora quebró al comienzo de la crisis. Las corralas solo se encuentran en los edificios que pertenecen a los bancos, porque no consiguieron venderlos o porque desahuciaron a los propietarios. “Queremos que las instituciones públicas expropien a los bancos que se han dedicado a la especulación inmobiliaria, y que estos pisos sean transformados en alquileres sociales. Reivindicamos un verdadero alquiler social, que cada persona pague lo que pueda pagar”, explica José.

A pesar de estar en una situación extrema, los habitantes de las corralas corren el peligro cada día de ser detenidos o expulsados. “Vinieron y nos tuvieron 8 horas en los calabozos”, cuenta Ángeles. Hace dos años la detuvieron, delante de sus hijos, junto con otras mujeres de la Corrala Las Luchadoras. “Nos dijeron que teníamos que declarar ante el propietario, pero nada era verdad, sólo nos detuvieron para asustarnos”. En Barcelona, símbolo de esperanza, la ocupación de inmuebles vacíos fue reconocido como “legítimo” por la justicia en 2012 (ver nuestro reportaje ‘En España, los Indignados “liberan” los edificios para las familias en la calle’).

En Bucarest las diferentes iniciativas reciben bastantes críticas, pero los ocupantes no corren el riesgo de vérselas con la policía. Cada colectivo o asociación tiene un acuerdo con el propietario de la casa para utilizar el espacio e impedir la degradación, pagando un alquiler modesto. En Carol 53 [1], el colectivo solamente paga las facturas y no el alquiler, un trueque a cambio de la renovación del edificio. Y así nace un sistema original que queda al margen de la lógica del mercado. Estos lugares se resisten al aumento del precio de los alquileres de los inmuebles del centro de las ciudades, y siguen en pie sin ser sustituidos por nuevos edificios de cemento.

Inventariar y renovar

« Tenemos estos edificios, no partimos de cero. Fueron construidos con material de calidad, lo mejor que podemos hacer es aprovecharlos”, afirma Loredana Bruma, la joven arquitecta presidenta de la asociación Rhabillage. Desde hace 8 años dirige el proyecto Case Care Plâng (en rumano, “Las casas que lloran”), cuyo objetivo es elaborar un inventario de los viejos edificios inhabitados y en estado de degradación en Bucarest. También es la autora de RePaD, una guía sobre la renovación de inmuebles, que busca sensibilizar a los rumanos sobre su patrimonio y demostrar que la renovación es una solución durable e interesante desde el punto de vista ecológico. Reutilizar un edificio antiguo permite evitar los costes energéticos de destrucción y reconstrucción.

El libro explica también que la mayoría de casas históricas ya son eficaces para reducir el consumo energético, porque fueron diseñadas para favorecer la entrada de luz y la ventilación natural [2]. Desde un punto de vista económico y social, la renovación es una buena inversión, explica Loredana: “Tiene un impacto social: se emplean a más personas en la renovación que cuando se trabaja con prefabricado. También podemos encontrar ayuda por parte de gente o asociaciones que se interesan por el patrimonio y la renovación, y que formen parte de esto. Al final, creamos un sistema que funciona”.

Una iniciativa ecológica y solidaria para reinventar la ciudad

Algunos efectos positivos no se calculan con cifras: aunque la mayoría de los proyectos no gocen de buena reputación entre las autoridades locales, estos lugares vuelven a dar vida a los barrios en los que se instalan. Ya sea en Bucarest o Málaga, los vecinos y el resto de ciudadanos pueden beneficiarse de las actividades que se organizan. “La Corrala Bloque Malasaña está en el barrio de la Trinidad, que tiene una de las tasas de paro más altas de la ciudad”, explica José. “Hay algunos niños sin escolarizar. El centro de asistentes sociales que había aquí cerró por falta de presupuesto. Entonces nos dijimos que si las autoridades locales no hacían su trabajo, podríamos hacerlo nosotros. Así comenzamos a organizar talleres para niños y adultos”. En Carol 53, en Bucarest, la iniciativa que tomaron es similar, con proyectos sociales destinados, en mayor parte, a niños que viven en la calle. El último que se hizo fue un taller de bicicletas, al que acudieron muchos de ellos que están sin escolarizar.

Las corralas permiten, de alguna manera, reflexionar sobre temas relacionados con el urbanismo y el papel de los ciudadanos. Ese es uno de los principales objetivos de Málagalab, un colectivo de arquitectos y urbanistas. “Las corralas no son la invención de una ciudad o un país, existen por todos sitios”, declara Eduardo, que forma parte de este grupo. “Lo que es particular en España es que había un espacio, el patio, que no es ni la calle ni la casa, sino algo entre los dos, donde la gente convivía. En las distribuciones de los inmuebles modernos, este espacio entre lo público y lo privado fue eliminado. Y es necesario recrearlo, como se hace en las corralas, para que la gente comparta más cosas”.

Movimientos similares existen por toda Europa. “Aunque no hayamos cambiado radicalmente, sí es verdad que la profundidad de la crisis nos ha obligado a reflexionar un poco”, describe Fernando, también de Málagalab. “La gente tiene que tomar consciencia de que tenemos la capacidad de crear nuestros propios espacios. Si no aprovechamos esto, otros intereses van a ocuparlos, y puede que no sean coincidentes con las prioridades de los ciudadanos”. Para Fernando, la transformación de los sitios inhabitados es una necesidad para reinventar una ciudad.

Texto y fotos: Marine Leduc y Ana Luz Muñoz Maya

Foto principal: Carol 53

Traducción en español : Ana Luz Muñoz Maya

Notas

[1La creación de Carol 53 fue controvertida desde el principio. El grupo fue acusado de haber provocado la expulsión de una familia que ocupaba el espacio anteriormente. En realidad, la situación es bastante más compleja. Viendo la degradación continua de la casa, el propietario le pidió a la familia que se fuera. No se trató de una expulsión forzada, contrariamente a lo que sí pasa en otros edificios de Bucarest. En esos casos, las familias viven a veces durante años en la casa hasta que el propietario se hace con ella y decide expulsarlos sin tener otro alojamiento alternativo. En el caso de Carol 53, el propietario había intentado renovar la casa desde hacía tiempo, pero las empresas de construcción lo engañaron varias veces quedándose con el dinero y abandonando el lugar, muchas veces robando cosas de la casa. Durante 3 años fue ocupada por diferentes personas. Esta familia vivía allí desde hacía menos de un año y, tras la decisión del propietario, los jóvenes de Carol 53 – que se instalaron un tiempo después-, han seguido en contacto con los miembros de la familia, a los que ayudaron a encontrar una casa vacía y a hacerla un poco más habitable.

[2RePad Ghidul, Asociatia Rhabillage, 2013, página 125.

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