Justicia

Delitos y crímenes financieros: ¿porqué los banqueros nunca van a prisión?

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Numerosos delitos han sido cometidos a lo largo de los últimos años por los bancos y sus dirigentes – estafas, lavado de activos, organización de fraude fiscal, operaciones con información privilegiada o manipulaciones, entre otros-. No obstante, ningún banco ha perdido su licencia o ha sido desmantelado por decisión de la justicia. A pesar de algunas escasas excepciones, ningún banquero fue condenado a una pena en prisión. ¿Están los bancos por encima de la ley? Actualmente, los bancos ¿serian demasiado poderosos para ser condenados? inculparles tendría consecuencias demasiado graves para la economía. Explicaciones.

Este articulo fue publicado, al principio, en francés, aqui

Teniendo en cuenta la expresión “Too Big To Fail” podemos considerar que la manera como los gobiernos han gestionado la crisis provocado por los bancos ha llevado a una nueva doctrina que puede resumirse en “Demasiados grandes para ser condenados” o “Demasiados grandes para ser encarcelados” si traducimos literalmente el nuevo adagio que tiene suceso en Estados-Unidos y Reino-Unido “Too Big to Jail“. De hecho, desde que el gobierno estadounidense dejó fracasar Lehman Brother en septiembre de 2008, ningún banco ha sido cerrado, retirada su licencia bancaria o desmantelada por decisión de la justicia. Además, ningún dirigente de banco fue condenado a prisión.

La única excepción del mundo occidental es Islandia, donde la justicia ha condenado a prisión a tres dirigentes de bancos. Laurus Welding, principal dirigente del Banco Glitnir, que quebró en 2008 cuando aún era el tercero banco del país y fue condenado a nueve meses de cárcel a finales de diciembre de 2012. Sigurdur Einarsson y Hreidar Mar Sigurdsson los dos principales dirigentes del banco Kauphing han sido condenado a cinco y cinco años y medio de prisión en diciembre de 2013.

Mientras la justicia de Estados Unidos y Europa se afrenta a graves delitos cometidos por parte de los bancos más importantes: estafa organizada entre bancos contra los clientes, los pequeños accionarios y los accionarios públicos; lavado de activos del crimen organizado; organización sistemática de fraude fiscal a gran escala; manipulación organizada de las tasas de intereses (Libor, Euribor, …); manipulación organizada de los mercados de cambios; falsificación de documentos; operaciones con información privilegiada; destrucción de pruebas; enriquecimiento abusivo; manipulación organizada del mercado de los Credit Default swap, manipulación del mercado físico de las commodities (materias primas); complicidad en crímenes de guerra… ¡Y la lista no es exhaustiva!

Eric Holder, fiscal general de Estados Unidos, interrogado en junio de 2013 por una Comisión del Senado de su país, resume claramente esta doctrina “Demasiados grandes para ser condenados”. En síntesis, declaró que debido al poder que tienen los bancos “es difícil perseguirlos judicialmente, y si lo hiciéramos, nos daríamos cuenta que efectivamente, inculparlos por actividades criminales podría tener repercusiones negativas para la economía nacional, o incluso mundial”.

El impacto de esta postura es claro; el hecho de que la especulación y los crímenes financieros causaran la peor crisis económica desde el último siglo pesa muy poco en el balance de la justicia. Aunque tales excesos sean asociados con una epidemia de fraudes, en todos los niveles de las operaciones de los bancos de los Estados Unidos, estas instituciones continúan sus operaciones. Sólo es suficiente hacer un pacto con la justicia, como el pago de multas para evitar una condena.

Imagínense la siguiente situación: después de un mes de investigación, la policía encuentra a una persona que cometió un robo de un millón de euros. En el momento de ser detenido, el implicado le declara al juez y a la policía: " propongo pagar dos mil euros de multa, ustedes me dejan en libertad y no empiezan procesamiento. ¿De acuerdo? ". El juez y la policía le dicen: " Vale, ningún problema, disculpe la molestia. Hasta luego, intente no dejarse atrapar la próxima vez, sería una lástima”. El tratamiento en favor que beneficia a los bancos responsables de delitos y crímenes financieros no es muy diferente de esta situación imaginaria. Bertold Brecht tenía plenamente razón al plantear la cuestión: " ¿Cuál es el criminal más grande: el que roba un banco o el que funda uno?”.

¿Están los Bancos por encima de las leyes?

Las consecuencias directas de las malas acciones de los bancos son particularmente graves: 14 millones de familias en Estados Unidos han sido desahuciadas entre 2007 y 2013 (ver cuadro abajo), entre ellas, sabemos que por lo menos 495 000 familias lo fueron de manera completamente ilegal, millones de personas perdieron su empleo, una parte de ellas cayeron bajo el umbral de pobreza, la tasa de suicidios aumentó entre las personas afectadas, la deuda pública estalló y los fondos de pensiones de los países desarrollados perdieron cerca de 5 400 mil millones de dólares.

Embargos inmobiliarios en los Estados Unidos y en España

Fuente: los Estados Unidos / España.

El papel de los bancos privados parece tan importante e indispensable para el sistema capitalista que su funcionamiento trasciende las limitaciones legales y constitucionales de las sociedades modernas. Desde entonces, la justicia cierra los ojos delante de los delitos y los crímenes cometidos por los bancos y sus dirigentes, para evitarles pasar ni un solo día en prisión. O sea, queda claro que no podemos procesar un dirigente de una institución bancaria que "sólo hace el trabajo de Dios ", para citar a Lloyd Blankfein, patrón de Goldman Sachs.

La anterior cita podría hacer reír si las transacciones entre bancos y autoridades judiciales o de control no confirmarán regularmente la aplicación de la doctrina "demasiado grandes para ser condenados" a los dos lados del Océano Atlántico. Los casos siguen presentándose y la justicia se limita a multas que representan muy a menudo una mínima fracción de los beneficios nacidos de estas actividades ilegales, sin que ningún dirigente sea imputado. Los únicos que comparecen delante de tribunales y son condenados son los testaferros como Jérôme Kerviel, nunca sus dirigentes o jefes que son quienes presionan para aumentar los beneficios de la empresa utilizando todas las artimañas posibles e imaginables.

Banalización de las conductas ilegales o criminales

Seis ejemplos son suficientes para testimoniar la situación actual: 1). Los acuerdos firmados en el pasado entre los bancos de los Estados Unidos y las diferentes autoridades del país con el fin de evitar una condena en justicia en el caso de los préstamos hipotecarios abusivos y de las expulsiones ilegales de vivienda (foreclosures); 2). HSBC (1r banco británico) le es impuesta una multa en los Estados Unidos por lavado de dinero de los carteles de la droga mexicanos y colombianos; 3). La manipulación de las tasas de interés interbancario y de las tasas sobre los derivados conocida como el caso del LIBOR; 4). El escándalo de los "préstamos tóxicos” en Francia; 5). Las actividades ilegales de Dexia en Israel; 6). La evasión fiscal internacional organizada por el principal banco suizo UBS.

Es evidente que los bancos y las grandes instituciones financieras mundiales, en muchas ocasiones actúan de manera coordinada (en cartel), evidenciando explícitamente su nivel de cinismo y abuso de poder. Hoy, después de que los Estados han puesto el dinero público a disposición de las entidades financieras (entidades que por sus apuestas especulativas han terminado mal); los magistrados encargados de cumplir la ley actúan para proteger a los responsables de estas entidades y banalizan así, incluso justifican de hecho la conducta ilegal o criminal de los culpables.

Una impunidad que motiva la toma de riesgo

Este contexto, donde reina la impunidad, incentiva a los dirigentes de las empresas financieras a cometer más abuso y tomar riesgo ya que los bancos como instituciones no son condenados, y la mayoría de las veces tampoco convocados a declarar en un tribunal. Estos bancos, depositan la responsabilidad en “traders” como Jérôme Kerviel y algunas decenas de otros más y consiguen que la justicia les condene por el perjuicio causado.

La situación de los principales dirigentes de los bancos es muy diferente: el importe de sus bonificaciones crece en respuesta al aumento de las rentas del banco (y no es raro ver incluso que la bonificación aumente en casos de baja rentabilidad), independientemente del origen ilegal de los recursos, o que se deriven de actividades financieras especulativas extremadamente arriesgadas. En el peor de los casos, si son descubiertos, sólo tienen que renunciar a la institución (a menudo con un paracaídas dorado); no serán perseguidos por la justicia y conservarán sobre sus cuentas bancarias sus beneficios obtenidos de manera íntegra.

Procesar a los dirigentes y obtener reparaciones

Mientras esta clase de dispositivo perverso se mantenga, los abusos y el robo de los recursos públicos por parte del sistema financiero sólo pueden prolongarse por más tiempo. Más allá de los altos dirigentes, hay que subrayar la impunidad de los bancos mismos a quienes las autoridades aplican la doctrina "Too Big To Jail". Se trata sobre todo de la demostración de la imbricación estrecha entre las direcciones de los bancos, sus grandes accionistas, los gobernantes y los diferentes órganos vitales de los Estados.

En caso de faltas graves, hay que poner en práctica una solución radical: retirarles la licencia bancaria a los bancos culpables de crímenes; desterrar definitivamente algunas de sus actividades; procesar a los dirigentes y los grandes accionistas. También hay que obtener reparación por parte de los dirigentes y los grandes accionistas. Por último, es urgente dividir cada gran banco en varias entidades con el fin de limitar los riesgos, de socializar a estos bancos colocándolas bajo el control ciudadano y crear así un servicio público bancario que dé prioridad a la satisfacción de las necesidades sociales y a la protección de la naturaleza.

Eric Toussaint, profesor de la Universidad de Lieja y presidente del Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo (CADTM).

Traducción : Tristan Ustyanowski

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